“¿Cuál de los dos hizo la voluntad de su padre?”
- Cuerpo Editorial
- 27 oct 2024
- 5 Min. de lectura
Que el amor, la gracia, la paz y el gozo de nuestro Señor Jesucristo sean plenos y rebosantes en ustedes, amados hermanos, amén.
Hoy tenemos a su disposición un exquisito pasaje dedicado enteramente a la nación judía, al nacido bajo el yugo de la circuncisión y la ley y quienes tienen la descendencia sanguínea de los hijos de Jacob. Excluye a los falsos: los que dicen ser judíos y no lo son.
Esta palabra habla de ellos porque los que dicen que adoran a Dios y creen en Él y niegan al Hijo de Dios, Señor nuestro, son comparables -según la parábola dicha por el Señor Jesús- a dos hijos que dicen tener una relación con el Creador.
Leamos el contenido hallado en Mateo 21:28-32, que dice así:
28 Pero ¿qué os parece? Un hombre tenía dos hijos, y acercándose al primero, le dijo: Hijo, ve hoy a trabajar en mi viña. 29 Respondiendo él, dijo: No quiero; pero después, arrepentido, fue. 30 Y acercándose al otro, le dijo de la misma manera; y respondiendo él, dijo: Sí, señor, voy. Y no fue. 31 ¿Cuál de los dos hizo la voluntad de su padre? Dijeron ellos: El primero. Jesús les dijo: De cierto os digo, que los publicanos y las rameras van delante de vosotros al reino de Dios. 32 Porque vino a vosotros Juan en camino de justicia, y no le creísteis; pero los publicanos y las rameras le creyeron; y vosotros, viendo esto, no os arrepentisteis después para creerle.
En esta escritura podemos ver cómo el Señor Jesús fustiga a los incrédulos escribas y fariseos quienes le incordiaban para que no predicase y porque querían atraparlo en alguna frase ociosa para capturarlo y deshacerse de él, pues ya alborotaba al pueblo y muchos ya dudaban del clero judaicos en cuanto a su santidad y honestidad.
Ahora los reta a meditar mediante la exposición de una pregunta retórica, la cual por supuesto no contestaron sino hasta después -para que por sus propios dichos fueran condenados- ya que señalaron que por maldad hacían lo que hacían y por voluntad propia buscaban la muerte de Juan y la del propio Jesús. Nuestro Señor amado no tuvo reparo en proponer la pregunta, dar contexto y hacer la pregunta lazo, título de esta entrega.
Ya se habían excusado cuando nuestro Señor Jesucristo los regresa a la batalla espiritual y con una simple pregunta, evidenció a los fariseos, amonestó y advirtió al pueblo contemporáneo y futuro sobre su grado de lealtad a Aquél que los sacó de la tierra de los caldeos, luego del desierto, después de la tierra de Egipto y al final los echó fuera de Su ciudad en el año 70 D.C.
Son dos hijos, dos herederos y dos condiciones y destinos espirituales para los nacidos bajo el pacto terrenal hecho con Abraham.
Uno, renuente y alejado de los negocios de su padre por discurrir en sus propios asuntos recibe la orden de ir a atender su viña (es decir, mediante el sacrificio de alabanza mediante la obediencia) a la cual por supuesto declina dando una respuesta fatua (falta de voluntad). Esta acción -ir a la viña- se refiere a dar testimonio de la obediencia a Dios, según el tiempo donde toque vivir y darle los frutos de sus acciones por amor a Quien le dio la vida, las uvas y el vino.
Sin embargo, acosado por la conciencia de que sin su padre no hay beneficios y hay castigo, mejor decide atender la orden y hace lo que se le encomendó hacer (obedecer y dar fruto de arrepentimiento).
Entonces el padre, habiendo recibido la negativa del primero acude al segundo quien solícitamente le contesta que sí y el padre se va a realizar otras actividades y este segundo hijo que se comprometió directamente con él, tuvo en poco su propia palabra y no acude.
Nuestro Cristo amado entonces les plantea la pregunta, para prenderlos en su propia sabiduría: “¿Cuál de los dos hizo la voluntad de su padre?”. Elegante e inteligentemente no les da tiempo de pensar, sino que rápido contestasen para que con sus propias palabras sea dicho que son hipócritas y asesinos de justos, devoradores de casas de viudas y omisos del cuidado de los huérfanos, entre otras muchas cosas más.
“El primero”. Dos palabras que dieron rumbo y sentido a esta parábola, donde ellos mismos exaltan a los pecadores que luego desprecian y persiguen, pues las rameras y las publicanos van adelantados en el buen testimonio y gracia de parte de Dios, en la obediencia y en la redención. No porque pequen, sino porque reconocen que Dios existe y puede redimirlos de su condición si obedecen a Su palabra. Es decir, tienen fe y creen que pueden ser redimidos.
No basta con falsas promesas, sino la actitud humilde para obedecer y el reino de Dios cercano a ellos. Esto es lo que hacen los hipócritas, los hacedores de maldad, los falsos emisarios y los religiosos. Conocen y saben, mas no creen, no quieren creer y odian que la gente crea, por eso de miles de formas buscan distractores para enseñar a no creer más que en lo que ellos sigan y digan.
El Señor Jesús les recordó la función de Juan el Bautista de preparar los caminos el Señor y cómo fue creída por ellos, los pecadores; pues al verse relegados por la religión, sintieron el mensaje de amonestación y reflexión y la muestra de amor del Altísimo al enviarles a este misionero. Aquí el Señor Jesús cumple su palabra de engrandecer a quienes le sirven incondicionalmente mediante el cumplimiento de la ordenanza del Padre por este siervo.
Así ahora, los que se dicen ser israelitas tienen esta pregunta que divide, a quienes renuncian a la estirpe terrenal genealógica y ley para irse por la libre del examen y quienes se arrepienten y no dejan que otros crean. ¿Quieren ser los arrepentidos, o quienes dicen “sí” de pura lengua y son faltos de acción obediente?
Esperamos que los verdaderos creyentes de Dios logren vencer y convenzan a más paisanos de ellos para estar juntos por la gracia de nuestro Señor en la iglesia y ser parte de la gran familia que instauró el Señor Jesucristo. También ese pueblo ahora relegado al oscurantismo y todavía sobre el cual pesa la sangre derramada en las afueras de Jerusalén del Mesías, el Santo, el Justo, el Príncipe de Paz, el Profeta, el Dios Fuerte y Admirable, el Cristo llamado Jesús, quien resucitó y ahora reina sentado a la Diestra de Jehová Dios, Adonai, El-Shadai, el gran Yo Soy, el Creador, el Dios de Abraham, de Isaac, de Jacob.
Del Hijo de Dios vino a hablar el Bautista y no le creyeron.
Que el amor, la gracia y paz del Señor Jesús sea en todos ustedes, amados hermanos, amén.
Comments