Editorial 54
- Cuerpo Editorial
- 2 may 2015
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La paz del Señor Jesucristo en vuestro espíritu
Gloria y poder al que vive y reina en toda su creación, nuestro Padre celestial y al que está sentado a su diestra nuestro Señor Jesucristo, si alguna enseñanza nos ha quedado claro y sin punto de discusión es que la preeminencia en la vida de los hijos de Dios es la obediencia a la palabra del Señor Jesucristo. Al confesar que Jesucristo es el Hijo de Dios, las promesas se vienen a tu vida en cascada, sin parar, todo lo creado está en tus manos y sientes que el amor del Padre está en tu ser y rápidamente fluye el poder de Dios en ti.
Los creyentes algunas veces tardan muchos años en comprender la preeminencia de Jesucristo en sus vidas y dan prioridad a otras cosas; la salud, el tiempo libre, la familia, el trabajo, los negocios etc. Todas estas cosas no son de relevancia al Señor él está sobre todas las cosas. ¿De qué te puedes preocupar o afanar, el Señor Jesús está sobre todas las cosas, él forma parte de todas las cosas que te rodean, no hay algo o alguna cosa en la cual el Señor Jesús no sea el Señor y en las cuales su bendito nombre no esté por encima de toda situación.
Jesucristo es el Señor de señores y de todo el universo visible o invisible, es difícil pensar que no se pueda comprender en la vida de los creyentes al estar preocupados por situaciones terrenales o en el mundo y lo consideran prioritario antes que la palabra del Señor Jesucristo. Él es el preeminente, el que tiene prioridad en cualquier orden de tu vida, inclusive de tu familia, tu negocio, tu salud, tu riqueza, tu pobreza, cuando comprendas y seas enseñado por el Espíritu Santo que tu pensamiento y tu corazón debe estar orientado a él, quien en su inmenso amor te devuelve todo lo que tienes y le agrega algo más, por considerarlo tu prioridad.
Durante muchos años tenía como preeminencia a mis hijos constantemente y todos los días pedía y oraba mucho por ellos, consideraba que era la prioridad para salvaguardarlos para el Señor Jesús, así sucedió durante los primeros quince años en el Señor Jesús, un día desperté con la siguiente revelación: los hijos son fruto del amor de Dios para ti, quien te los dio tiene el poder de quitarlos, comprendí que en eso se traduce en su amor, en que comprendas que él es el que da y el quita, es su soberanía, su poderío y señorío. Durante diez años hice a un lado la preeminencia del Señor Jesús en su vida, su amor no tiene límites, su paciencia y misericordia es ilimitada también. Qué gran amor por nosotros, reconocí en ese instante la gran capacidad de amor que tiene por sus ovejas, al reconocer esa preminencia me dio otros cuatro hijos.
Sea lo que fuere tu preeminencia ahora hazla para el Señor Jesucristo él te devolverá su bendición. Jesucristo es primero en todo lo que hagas, digas y emprendas. Él es el único deseo de nuestra vida espiritual. Amén